La teología fructífera

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¿Hay que tener una actitud de enfado para ser teólogo?

No. Dice Ronni Kurtz en su libro La teología fructífera: «Cuando un cristiano contempla a Dios y todas las cosas en relación con Dios, o sea, hace teología, será transformado a la semejanza de Cristo, y esto le conduce al fruto espiritual. En otras palabras, la teología cristiana debe conducir al fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22), no a la ira y a degradar a los demás».

¿Por qué se enfurecen los teólogos?

Incluso un simple vistazo a las redes sociales puede llevarnos a la conclusión de que tenemos que estar enfadados para hacer teología. Lo lamentable es que nuestros días se caracterizan por las peleas teológicas, llenas de palabras duras, exageraciones, sarcasmo mordaz y el espíritu de derribar a nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Sin embargo, no tiene que ser de esta manera. Es más, no debería ser así.

En La teología fructífera, Ronni Kurtz nada a contracorriente para contrarrestar este problema predominante. En lugar de una teología que conduzca a la ira, la división y la discordia, este libro muestra que la vida de la mente en realidad puede conducir al fruto del Espíritu. La teología fructífera es para cualquiera que:

• Desea crecer en la comprensión de las Escrituras, pero teme que el conocimiento le vuelva arrogante
• Está confundido acerca de la relación entre la doctrina y la vida cristiana
• Le preocupa que la convicción teológica promueva la desunión y la discordia entre los cristianos
• Desea crecer en madurez cristiana, pero no está seguro de cómo encaja la teología en ese deseo.

¿Qué sucedería si nuestra forma de hablar y de comportarnos estuviera más sazonada con amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio? ¿Cómo podría restaurarse la unidad de la iglesia y maximizarse nuestro testimonio si nos caracterizáramos por el fruto del Espíritu en lugar del espíritu de nuestra época?

Puede que la teología no sea la candidata más obvia para ayudarnos a reorientar nuestra vida hacia el fruto del Espíritu, pero de seguro que una adecuada consideración de Dios nos puede conducir a una vida apropiada para Dios, y eso es con exactitud lo que este libro espera explorar.